A puertas del verano: ¿cómo disfrutar en playas, piscinas y espacios abiertos?
El COVID-19 no es una prohibición para refrescarse en la temporada de calor, aunque sí requiere de cuidados importantes.

Un verano sin explorar nuevos destinos turísticos, sin visitar a familiares o amigos en sitios lejanos, sin ir a la playa o a la piscina para paliar el calor, podría considerarse perdido. La evidencia, hasta ahora, no indica que estas opciones propicien por sí mismas un contagio por coronavirus. Sin embargo, si no se toman medidas preventivas, podrían facilitar las condiciones para que las vacaciones o el día de relajo se conviertan en una pesadilla.
La temporada de vacaciones en EE.UU. —entre junio y agosto— puede darnos algunas luces sobre cómo las dinámicas de los veraneantes cambiaron producto de la pandemia, con el fin de preservar su seguridad. Una recopilación de datos de la empresa SafeGraph reveló que uno de los destinos turísticos más visitados, Las Vegas, registró una disminución de hasta un 50% de visitas. Pero las playas del condado de Monroe, en Florida, llegaron a recibir hasta un 35% más de visitas que en 2019, principalmente por turistas radicados en condados vecinos.
Sí, viajar más cerca de casa puede ser una buena alternativa para explorar nuevos destinos en familia, principalmente porque nos permite trasladarnos en nuestros propios vehículos privados. Si bien no está prohibido viajar, no está demás escuchar a las recomendaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. que sugieren evitar los transportes compartidos, como autobús o avión, debido a que son espacios cerrados y con escasa ventilación, y no permiten mantener un distanciamiento mínimo de dos metros.
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Los CDC tampoco recomiendan viajar y alojarse en un apartamento con familiares o amigos con los que no convivimos. En cambio, sugieren priorizar los viajes en vehículos particulares —aunque, otra vez, solo con las personas que convivimos— y optar siempre por alojamientos que mantengan medidas de bioseguridad.
DESTINO IDEAL
La mejor alternativa, si se piensa en la seguridad, son los espacios abiertos o al aire libre. En estos lugares se minimiza el contacto con otras personas y, por lo tanto, se reduce el riesgo de contagio. Las playas, por ejemplo, son consideradas como áreas de bajo riesgo. No hay hasta ahora evidencia de que el COVID-19 pueda transmitirse a los humanos mediante el uso de aguas dulces —como lagos, ríos o piscinas— o saladas —como mares o playas—. Sin embargo, si estos espacios reciben a muchas personas, se tornan riesgosos.
En Reino Unido, por ejemplo, como informó el New York Times, durante la temporada del verano europeo las playas se llenaron de personas, ignorándose el distanciamiento social y las recomendaciones mínimas de seguridad. Antes de correr el riesgo de encontrar esa situación en nuestra costa, es recomendable verificar que en nuestro destino se cumpla con requisitos de seguridad como el cierre de baños públicos, puestos de bebidas o comida, quioscos y duchas, la separación de tumbonas, sombrillas, cabañas de playa o tiendas de campaña en alquiler, y la reconfiguración de los accesos para que los usuarios de la playa puedan entrar y salir sin generar aglomeraciones.
Las piscinas públicas tampoco están libres de riesgo, especialmente cuando hay muchas personas en el agua o en los espacios aledaños, por lo que, según los CDC, lo más recomendable es evitar las horas con mayor afluencia de personas y optar por las mañanas, cuando está recién desinfectada y hay menos gente.
Otra opción de bajo riesgo son los paseos al aire libre. El Servicio de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) informó que diez áreas naturales ya reiniciaron sus actividades con todas las medidas para disminuir el riesgo de propagación del COVID-19. Ya se puede visitar, por ejemplo, el Santuario Histórico Bosque de Pómac, en Lambayeque, la Reserva Nacional de Lachay, en Lima, o la Reserva Nacional Allpahuayo Mishana, en Loreto.
En conclusión, ir a una playa, pasar tiempo en una piscina o pasear al aire libre en familia no implica necesariamente contagiarse, sino la oportunidad para tomar medidas preventivas y recordar que la pandemia sigue estando presente.
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