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Rentabilidad más bienestar social: el desafío de las empresas con propósito

REDACCIÓN CONTENTLAB

La palabra empresa es definida por la RAE como “unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. Esos fines lucrativos aluden, desde luego, a la rentabilidad que toda compañía busca. No obstante, más allá de las ganancias económicas que una entidad obtiene por sus operaciones, hay, en paralelo, un beneficio que debe alcanzar a la sociedad y procurar su prosperidad. 

Con el auge del capitalismo, hubo empresas que se desviaron de su propósito y otras que, en el peor de los casos, se fundaron sin uno. A criterio de Jorge Medina, CEO de Capitalismo Consciente, cuando las empresas no asumen un rol activo para atender las necesidades sociales, humanas y ambientales, y solo buscan su rentabilidad a cualquier costo, ocurre un cortocircuito que provoca, entre otras situaciones, desconfianza en el modelo capitalista, el cual es visto como un sistema que hace más daño que bien al mundo. 

Por esa razón, el especialista afirma que la esencia de una empresa es dar soluciones a necesidades y ello, de por sí, ya implica un impacto social favorable. “Toda idea de negocio surge a partir de un problema que se busca resolver, de una necesidad que afecta a un grupo o sector de la sociedad. Si yo, como empresario, atiendo esa necesidad y contribuyo a mejorar la calidad de vida de las personas, entonces ya estoy generando ese impacto positivo y no tengo que planteármelo como si fuese una cuestión adicional a mi negocio”, explica.

PROPÓSITO ELEVADO
Michael Porter, reconocido economista, catedrático y autor, ha afirmado en más de una ocasión que la empresa es la única entidad capaz de generar riqueza y prosperidad. La premisa es compartida por Percy Marquina, director general de Centrum PUCP, aunque él prefiere afirmar que una compañía es un “poderoso agente de cambio social”.

A criterio suyo, que una organización busque su rentabilidad es una acción que responde a la propia naturaleza de hacer empresa. La gran diferencia ocurre, no obstante, cuando esa compañía canaliza sus operaciones y su rentabilidad hacia un bien mayor. “El propósito, antes que económico, es un imperativo ético. La empresa decide cuál quiere que sea su rol en la comunidad.  Entonces, cuando ese imperativo ético te moviliza, ordena tus acciones y determina qué es lo que quieres hacer y lo que no”, sostiene.

En esa línea, Medina, de Capitalismo Consciente, afirma que la pregunta fundacional que todo directorio debería hacerse es: ¿cuál es la razón de ser de nuestra empresa?

“El propósito tiene que tener claro qué necesidad humana, social o ambiental va a resolver. El modelo de negocios, la estrategia, la propia organización, su cultura y las operaciones de una organización tienen que estar alineadas”, refiere Jorge Medina.

Una vez que el propósito se pone en práctica, su cumplimiento debe medirse. Para ello deben establecerse métricas de carácter social, ambiental y humano. Estas métricas, según Medina, se conocen como “non market” y revelan qué tanto es el impacto positivo que la empresa está generando.   

Desde luego, dentro de esa efervescencia del propósito, el liderazgo del directorio, de los accionistas, del CEO es fundamental. Pero no cualquier liderazgo, sino uno consciente o de servicio que inspira a los demás y genera valor para todos los stakeholders.

EL ROL DE LA INNOVACIÓN
Además del liderazgo de servicio, Medina considera que la innovación es otro factor clave para que las empresas no generen externalidades negativas. Para él, propósito e innovación están unidos por un cordón umbilical, puesto que cuando una empresa se crea existe un componente innovador que le permite solucionar un problema o atender una necesidad social.

“¿Cómo la empresa puede mejorar a la humanidad? ¿Cómo los empresarios podemos recuperar la confianza de la sociedad en lo que hacemos?”, pregunta Jorge Medina. Y su respuesta es clara: a través de la innovación. 

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